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Cómo elaborar un currículo
efectivo
Por Ricard Lozano
Elaborar el currículo y mantenerlo actualizado es
tarea obligada, como todos sabemos. Una simple ojeada a Internet
bastará para encontrar varias normas, modelos y consejos
que nos ayudarán a estructurar la información
y presentarla con unos criterios más o menos homologados.
En muchos casos, leeremos por qué es preferible colocar
los datos personales de tal o cual forma, si el apartado de
la formación académica es mejor ponerlo antes
o después de la experiencia profesional, si es aconsejable
incluir una foto, si es políticamente correcto o no
indicar el estado civil, etc. Es interesante recabar información
sobre todos estos pormenores y tomar cada uno sus propias
decisiones al respecto. Conviene, de todos modos, no perderse
exclusivamente en los detalles y formularse una pregunta básica:
¿qué pretendemos con el currículo?
El currículo es el medio habitual que utilizamos para
darnos a conocer a los clientes. En definitiva, un elemento
de promoción. Los elementos de promoción se
elaboran pensando en una finalidad clara: captar la atención
del cliente para poderle vender algo. Ahí es donde
reside justamente la eficacia de nuestro currículo.
Necesitamos que capte la atención de los clientes para
venderles nuestra calidad.
En ocasiones, no caemos en la cuenta de que cuando una empresa
solicita candidatos, casi siempre una sola persona se encargará
durante la primera criba de revisar los 500 currículos
recibidos. Eso significa pasar las páginas a razón
de 10-15 segundos por página como máximo y descartar
a 450 candidatos de un plumazo. Ahí reside la verdadera
clave: conseguir entrar en esa primera preselección.
Al fin y al cabo ¿de qué nos sirve toda la preparación
que hemos acumulado durante años si al final somos
descartados en 10 segundos?
En la práctica, por tanto, parece evidente que en
la elaboración del currículo cualquier otra
consideración que no sea captar la atención
del cliente debe dejarse en segundo plano. El objetivo es
conseguir que la información que aportemos se asemeje
cuanto más mejor a lo que el cliente espera ver. Inconscientemente,
tendemos a elaborar el currículo pensando en nosotros
mismos, en la importancia que damos a lo que somos y a lo
que hemos hecho, y creemos que será el cliente quien,
después de leerlo detenidamente, llegará a la
conclusión de que nuestro perfil se corresponde con
la persona que está buscando. Pero ya hemos visto que
esto no es así y que, al menos en esa primera preselección,
lo habitual es que nadie se lo lea entero. Así las
cosas, la solución no es otra que ponérselo
bien fácil aplicando una serie de normas que faciliten
la lectura y aumenten las posibilidades de éxito.
Normas básicas
Resalta los aspectos que te convierten en candidato idóneo.
Para ello, debes tener muy claro a priori qué es lo
que espera ver el cliente y, segundo, adecuar la información
a esas expectativas. Es evidente, por otra parte, que si no
se cumplen los requisitos exigidos para la candidatura, las
oportunidades de ser seleccionado se reducen drásticamente.
(Adapta la información a cada cliente y cada oferta;
no utilices nunca un mismo currículo para todos los
casos.)
Presentación sobria e impecable. En todos los
aspectos, el currículo debe ser pulcro y no puede contener
ni una sola falta, ni una sola imprecisión (y si es
en formato impreso, claro está que ni una sola mácula).
El cliente asociará instintivamente la impresión
que le cause a la calidad de tu servicio.
Claro y conciso. Evita perífrasis, frases grandilocuentes,
giros... Las listas son preferibles a los párrafos.
La extensión final del currículo debe ser de
una o dos páginas a lo sumo.
Bien estructurado. La información debe seguir
unos criterios muy claros de estructuración. El objetivo
es que el cliente pueda identificar cualquier información
en menos de cinco segundos.
Evita la información irrelevante y los juicios
de valor. A menos que el cliente lo pida explícitamente,
no incluyas apartados relativos a aficiones, descripciones
personales, aspiraciones, entusiasmo por el puesto, etc.
No pongas ninguna información falsa. Si un
cliente detecta que has falseado deliberadamente algún
dato de tu historial, difícilmente recuperarás
su confianza.
Haz que alguien lo revise. Cuando, después
de haberlo repasado veinte veces, creas que ya está
perfecto, enséñaselo a terceras personas para
que lo revisen. Detectarán fallos que uno mismo no
es capaz de ver.
Apartados del currículo
A continuación se indican los apartados que deben
reflejarse en el currículo, así como la información
que un cliente esperará ver en cada uno de ellos:
- Datos personales: nombre y apellidos,
lugar y fecha de nacimiento, domicilio, NIF, teléfonos,
fax, dirección de correo electrónico.
- Formación: estudios superiores
(en resaltado, e indicando claramente lengua de origen y
de destino); otros estudios afines.
- Experiencia laboral: siempre en orden
cronológico (de más reciente a más
antiguo), se indica el puesto de trabajo, la empresa y las
fechas de permanencia, destacando las responsabilidades
y conocimientos adquiridos. En el caso de la traducción
freelance, se pueden incluir los proyectos más relevantes.
Por último, se indica la velocidad de traducción
(palabras/día).
- Equipo informático: PC y periféricos,
indicando marca, modelo y características. Asimismo,
se indican los programas de software utilizados para trabajar,
las versiones de estos y el grado de dominio en su manejo.
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