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A qué clientes me dirijo y qué
precios aplico
Por Ricard Lozano
Con frecuencia, un aspecto que se presta bastante al desconcierto
es el de las tarifas de traducción. Sobre todo al comienzo
de la actividad, uno tiende a aceptar tácitamente los
precios que le marca la empresa contratante, guiado como es
normal por el deseo de introducirse en el mercado lo más
rápidamente posible. Esto es comprensible. Lo realmente
peligroso es convertir esta dinámica en práctica
habitual de nuestra profesión. Para empezar, digamos
abiertamente que las empresas se clasifican en dos grandes
tipos: las que dictan sus precios al traductor, y las que
preguntan a este cuáles son sus tarifas. Este detalle
aparentemente sutil es un claro indicador del talante del
cliente y evidencia inequívocamente sobre qué
base se va a cimentar la relación cliente-traductor
de cara al futuro.
El porqué de los precios de mercado
Los precios de mercado no se establecen gratuitamente, tienen
una razón de ser. No siempre reparamos en el hecho
de que el montante total de la facturación no constituye
en realidad un sueldo, sino una cantidad bruta de la que es
preciso restar todos los gastos relacionados con la actividad:
cotizaciones a Hacienda; cuota de Seguridad social; conexión
y consumo de Internet; mantenimiento de la página web;
gastos de teléfono; adquisición de nuevo equipamiento,
programas y material de consulta; tiempo no facturable; servicios
contratados a terceros; gasto de alquiler; gastos de agua,
luz y calefacción; desplazamientos y dietas; necesidad
de una formación continuada, etc. La lista no es pequeña.
De todo esto se deduce que la aceptación sistemática
de unas tarifas bajas conduce necesariamente al estancamiento,
por cuanto impide realizar las inversiones necesarias para
mejorar el servicio y asegurar el sostenimiento futuro de
la actividad.
Así pues, ¿qué tarifas debemos de aplicar?
Pues depende, en gran medida, del servicio que esté
dispuesto a ofrecer cada uno y de la dirección en la
que desee orientar nuestro futuro. Actualmente, son muchas
las tareas relacionadas con nuestra práctica laboral
que escapan al mero hecho de traducir, así que los
precios serán acertados o no en la medida que el servicio
sea capaz de incluir otras tareas y solucionar en conjunto
los problemas de los clientes. En este sentido, cada uno es
libre de estipular sus propias tarifas, siempre que estén
encuadradas en unos baremos lógicos.
Qué tarifas aplican las empresas
Adoptemos ahora la perspectiva contraria y veamos unos ejemplos
de las tarifas (expresadas por palabra original y en la dirección
de lenguas inglés-español) que resultan rentables
a los clientes cuando contratan traductores. Tal vez estos
ejemplos sirvan de ayuda para definir nuestra propia lista
de precios:
Agencias locales monolingües. El material a traducir
suele venir ya preparado en programas de traducción
asistida y requiere un servicio exclusivamente de traducción
o revisión. En España, en el precio que suele
proponer la agencia se contempla el campo de traducción,
el tipo y formato de los archivos, la experiencia del traductor,
etc. Los precios oscilan en función de cada cliente.
Precio mínimo orientativo: 0,045 €/pal. Precio
máximo orientativo: 0,060 €/pal. (En campos de
traducción específicos, se puede llegar a los
0,078 €/pal.)
Clientes finales nacionales. El traductor se encarga
de todo el trabajo de pre- y postraducción. Se espera
calidad final y el presupuesto varía en función
de las exigencias del cliente. Engloban generalmente este
grupo filiales españolas de multinacionales extranjeras
o compañías locales exportadoras. Precio mínimo
orientativo: 0,075 €/pal. Precio máximo orientativo:
0,09 €/pal.
Agencias internacionales multilingües. A este
apartado pertenece un nutrido grupo de agencias internacionales
que suelen procesar grandes volúmenes de traducción
destinado a un mercado global y multilingüe. (En localización,
las empresas especializadas se denominan MLV o Multi-Lingual
Vendors, que son las que dan servicio a las grandes compañías
internacionales.) Los trabajos suelen ir acompañados
de una cantidad considerable de instrucciones y exigencias
específicas que requieren ciertos conocimientos avanzados
por parte del traductor sobre los procedimientos y herramientas
que deben utilizarse. Los precios pueden oscilar además
en función del país donde se encuentre la agencia.
(Usaremos el ejemplo de EE. UU.) Precio mínimo orientativo:
0,09 $/pal. Precio máximo orientativo: 0,13 $/pal.
Clientes finales internacionales. Las tarifas aplicables
a este bloque dependen del país donde se encuentre
la empresa, el campo de especialización de la traducción,
la inversión necesaria en material de consulta y herramientas,
los procedimientos específicos exigidos, el tiempo
empleado en el tratamiento y resolución de problemas,
las llamadas telefónicas internacionales, los desplazamientos,
etc. (Usaremos el ejemplo de EE. UU.) Precio mínimo
orientativo: 0,12 $/pal. Precio máximo orientativo:
0,15 $/pal.
Consejos prácticos sobre las tarifas
No revientes precios de mercado. Si lo haces, destruirás
tus propias posibilidades de progresión profesional.
Hay que aplicar siempre los precios de mercado vigentes en
el país donde se encuentre el cliente (si no los conoces,
pregunta a un colega, en un foro de debate, acude a una asociación,
etc.). Recuerda que los precios tienen una razón de
ser.
Aprende a decir «No» a todos aquellos proyectos
que no cumplan los requisitos mínimos que hayas
establecido. Contrariamente a lo que pueda pensarse, la negativa
razonada se convierte en una muestra eficaz de tu profesionalidad
ante el cliente.
Antes de aceptar un proyecto, trata de recopilar información
que te permita comprobar o al menos intuir la
seriedad y solvencia del cliente. Más importante
que defender unas tarifas razonables es cobrarlas.
En todo momento, controla la contabilidad de cada
cuenta de cliente y sobre todo de los pagos pendientes de
cada proyecto. No confíes en que ya llegará
el pago. Supervisa los plazos y, vencida la factura, comprueba
la transferencia bancaria o la recepción del cheque.
Si el pago no ha sido emitido, ponte en contacto de inmediato
con el cliente para conocer el estado del mismo. (No atribuyas
cualquier retraso automáticamente a la mala fe del
cliente, puede tratarse de un simple descuido.)
Cuando trabajes con una agencia, generalmente esta querrá
desglosar las tarifas atendiendo a unas categorías
predefinidas que ofrecen los programas basados en memorias
de traducción. En el caso de las agencias nacionales
monolingües, estas prácticas generalmente solo
resultan rentables en la medida que la tarifa acordada
para las palabras nuevas se acerque a la franja elevada
de la gama de precios antes mencionada (las tarifas para el
resto de los conceptos deben ser, por supuesto, proporcionales).
Si un precio te resulta insostenible, no comprometas la
calidad para hacerlo rentable (es decir, no consultando
todas las dudas que debieras, traduciendo a ritmo vertiginoso,
no revisando tu trabajo las veces que sea preciso
).
Conserva la calidad, mejórala siempre que puedas y
estipula para ella unas tarifas razonables. Cuando un cliente
no resulta rentable, es el momento de empezar a buscar otro.
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