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Claves de la progresión profesional
del traductor
Por Ricard Lozano
Una vez superado el primer objetivo de introducirnos en el
mercado laboral tras conseguir los primeros proyectos, dejamos
atrás la preocupación de la incertidumbre inicial
y nos familiarizamos con la clásica dinámica
de la profesión, que comprende desde puntas de trabajo
exasperantes hasta lapsos de inactividad no deseados. Sea
como sea, parece que globalmente la situación compensa
y uno se conforma tácitamente con ir concatenando proyectos
y esperar que el futuro se prodigue en nuevas y mejores ofertas
de trabajo. Detengámonos aquí un minuto y formulémonos
estas simples preguntas: ¿cuál será mi
situación profesional de aquí a cinco años?;
¿cuál quiero que sea?; ¿qué objetivos
me he marcado como traductor?
No es raro que en muchos
casos la respuesta no surja espontánea, porque dudamos
demasiado al supeditarla instintivamente a numerosos factores
externos; entre ellos, la suerte. No es que no sea bueno confiar
en la suerte, pero conviene dejarla solo como último
recurso, no sea que al final no se digne hacer aparición.
Panorama laboral actual
Concretamente en el ámbito de la traducción
técnica y la localización de software, hay agencias
locales que están pagando casi los mismos precios que
cuando aparecieron las primeras máquinas de escribir.
Y me refiero a las negras. ¿Cómo es posible?
Hace poco más de una década, en España
apenas existían dos universidades donde poder cursar
la carrera de Traducción e Interpretación, y
la cantidad de estudiantes que estas podían albergar
era muy reducida. Actualmente, sin embargo, son numerosas
las universidades estatales (17 en el momento de redactar
este artículo) que imparten ya esta licenciatura y
con muchos más medios técnicos y humanos. De
esta nueva situación se desprende, por un lado, que
las generaciones de traductores que se introducen imparablemente
año tras año en el mercado son cada vez mayores
en número y que, por otro, vienen avaladas por una
mejor preparación. (En el caso del español,
la oferta de traductores se dispara si contamos a todos los
países hispanohablantes.)
En esta situación, las agencias juegan con ventaja
y ganan competitividad en el mercado a costa de los traductores.
A veces no cuestionamos hechos que de por sí son incomprensibles:
¿por qué es la empresa la que dicta los precios
y no al revés? (¿Imponemos nosotros acaso al
tendero el precio al que le compramos las lechugas?) ¿Por
qué debemos comprar el programa que la agencia nos
impone como condición previa para trabajar, si podemos
ofrecer el mismo resultado con otro programa de nuestra propiedad?
¿Por qué, bajo el anzuelo de los grandes volúmenes
de trabajo, aceptamos ciertas relaciones de exclusividad que
lo único que esconden son una rebaja de los precios?
¿Quién puede argumentar que una frase es un
85 por ciento igual a otra primer error y que,
por tanto, requiere un 85 por ciento de esfuerzo traducirla?
¿Qué intereses subyacen bajo estas prácticas
y a qué conduce todo esto? El hecho de aceptar inicialmente
como normales muchas de estas premisas no exime de la necesidad
de analizar por qué se crea esta situación y
de preguntarnos qué podemos hacer para sobrevivir a
este cúmulo de condicionantes.
La clave, en nuestra actitud
Un empleado de una empresa goza generalmente de una jornada
laboral y una remuneración fijas, alguien le marca
siempre el camino a seguir y su progresión viene determinada
por su valía y por la buena marcha de la empresa. Con
frecuencia, los traductores freelance caemos en el error de
identificarnos con este perfil aceptando voluntariamente el
rol de empleado de empresa. Acudimos cabizbajos a las agencias
a solicitar trabajo y nos acostumbramos a que estas dispongan
de nosotros en función de sus necesidades, acatando
precios y exigencias con la vana esperanza de que serán
ellas las que algún día nos sorprenderán
gratamente con una subida de los precios. Cuando la situación
acaba siendo económicamente insostenible, reaccionar
cuesta Dios y ayuda porque, sin darnos cuenta, hemos quedado
a merced de unos pocos clientes que nos pagan a precios bajos
y no es nada fácil salir de ese círculo cerrado.
La relación empresa-empleado no es válida para
un profesional independiente, porque los mecanismos para progresar
en el seno de una empresa son muy distintos a los que rigen
en el caso del autónomo: no en vano, el mercado carece
de las estructuras jerárquicas que en una empresa encauzan
de forma natural los ascensos y aumentos de sueldo por el
simple hecho de acumular experiencia en un puesto (en el mejor
de los casos, se entiende). El modelo a imitar para progresar
en la condición de traductor autónomo no debe
ser, pues, el del empleado, sino el de la propia empresa.
Es natural que un traductor, al pensar en su futuro, se fije
como meta mejorar la calidad, aumentar su bagaje lingüístico,
asegurar la satisfacción de los clientes y buscar el
reconocimiento a su trabajo. Es humano y comprensible. Pero
¿el fin último de una empresa es buscar el reconocimiento
a la calidad?, ¿acumular mayores conocimientos?, ¿dar
satisfacción a sus clientes? Realmente, no. Una empresa
se crea exclusivamente para ganar dinero, y ese es también
el fin último de nuestra actividad laboral, aunque
suene prosaico decirlo. Al fin y al cabo, si de asegurar la
satisfacción del cliente se tratara, todos trabajaríamos
gratis, y no lo hacemos. Lo que sustancialmente marca la trayectoria
del traductor profesional es la nitidez con que es capaz de
separar las metas personales de los objetivos estrictamente
empresariales. Así, como cualquier empresa, debemos
enfocar siempre la práctica diaria exclusivamente hacia
la máxima rentabilidad, adoptando para ello las mismas
pautas que aplicaría para sí cualquier empresa.
Solo en ellas encontraremos las claves del éxito profesional.
Consejos prácticos para progresar
Busca clientes continuamente
¿Qué empresa detiene su aparato de marketing
mientras fabrica sus productos? Ninguna. Es necesario que
dediques periódicamente cierto tiempo a establecer
nuevos contactos. Lo habitual es no obtener resultados rápidos,
pero el día menos pensado uno de esos clientes potenciales
te sorprenderá con un proyecto atractivo. Esta rutina
te irá facilitando la selección de los clientes
en función de la rentabilidad que te supongan.
No revientes precios de mercado
Por mucho que inicialmente tengas que aceptar los precios
y prácticas que una empresa local pueda imponerte,
tiende a configurar los precios de tu propio servicio, nunca
por debajo del mercado. Es imperativo, asimismo, que apliques
los precios mínimos de mercado de cada país
donde se encuentre la empresa contratante.
Aprende a decir «No» a un proyecto
No aceptes aquellos proyectos que no se avengan a unos
precios y condiciones mínimamente razonables. De no
hacerlo así, el problema ya no es tanto si con ello
haces competencia desleal, sino que tú mismo te conviertes
en el principal obstáculo de tu propia progresión.
Evita la morosidad
Tan importante como fijar unas tarifas razonables es asegurarse
primero de la solvencia de las empresas para las que trabajas.
Huelga decir que de nada te servirá trabajar a un precio
atractivo si al final la empresa no te paga.
Promociónate dentro del mercado
Debes procurarte visibilidad en el mercado. Es inútil
tener los mejores conocimientos e infraestructuras si los
clientes potenciales no saben que existes. Aparte de los contactos
directos, puedes contribuir a aumentar tu presencia creando
una página web personal, adoptando una dirección
de correo corporativa, dándote de alta en directorios
de traductores, participando en foros de debate, asociándote,
etc.
Aprende a venderte
Cuando te presentes a un cliente, desecha todo lo accesorio
y resalta únicamente tus ventajas competitivas. La
aspiración personal de todo traductor es convertirse
en un buen profesional; el medio para conseguirlo, que los
clientes sepan que lo es.
Mejora continuamente tus infraestructuras y conocimientos
Debes estar en condiciones de ofertar servicios que otros
no puedan o no quieran prestar. Te ayudará en este
sentido realizar una inversión continuada que
no gasto en reciclar tus conocimientos y disponer del
mejor equipamiento con el fin de proporcionar la máxima
calidad.
Gestiona el tiempo de forma eficaz
Trata de prescindir de lo innecesario para centrarte en
lo necesario, procurando no invertir tiempo en tareas que
no tengan un fin económico concreto dentro de la actividad.
Por citar un ejemplo clásico, a veces preferimos destinar
horas y horas para aclararnos con la contabilidad y el papeleo,
cuando en ese mismo espacio de tiempo podríamos ganar
más dinero traduciendo de lo que nos costaría
una simple visita a un asesor fiscal.
Construye relaciones con los clientes que te interesan
Es más fácil decepcionar a un cliente que
a un amigo. Crear un clima amistoso que favorezca el entendimiento
es esencial para fundamentar sólidamente las relaciones
de trabajo.
Sé honrado
Los lazos de unión con los clientes deben ser de
mutua confianza. Es la única base sólida de
toda colaboración. Cuando receles de un cliente o tengas
alguna evidencia de su mala fe, no entres en el juego: cambia
de aires.
Indudablemente, todo lo hasta aquí expuesto ayuda
a mentalizarnos de que un traductor autónomo es en
realidad una empresa y de que debe procurar para sí
lo mejor porque nadie lo va a hacer por él. Un empleado
puede tener la tentación de acomodarse en un puesto,
pero nunca una empresa: el día que deja de pensar en
mejorar, está colocando la primera piedra de su propio
fracaso.
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