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He acabado la carrera, ¿y ahora
qué?
Por Ricard Lozano
¿Qué traductor no se ha sentido desamparado
durante los primeros pasos de su actividad profesional? Muy
pocos, seguro. En mayor o menor medida, todos hemos sentido
esa especie de abismo que separa nuestros años académicos
de la práctica laboral. Hasta el último momento
de la formación el objetivo es tangible, pero tras
largos años de estudio llega lo inevitable: el salto
al mundo real y, con ello, la incertidumbre. ¿Cómo
contribuir a que esa sensación sea lo más efímera
posible?
Lo primero que debemos preguntarnos es simple y llanamente
si queremos dedicarnos profesionalmente a traducir. La respuesta
parece obvia, pero sorprende ver la cantidad de casos donde
el titubeo vocacional supone el primer obstáculo a
veces imperceptible del futuro traductor. No es raro
haber asociado románticamente alguna vez nuestro futuro
al del traductor bohemio, versado en mil materias y de dialéctica
hábil que reina en las tertulias de café. La
realidad es que los traductores acabamos siendo, más
que artistas, unos obreros de la palabra: jornadas de trabajo
largas y solitarias, escaso reconocimiento y, en general,
ingresos económicos que no invitan al despilfarro.
Para evitar sorpresas es preciso situar nuestras metas en
el terreno de la realidad.
Acto seguido, debemos plantearnos seriamente a qué
campo o campos de la traducción (o, en su caso, a qué
modalidad de la interpretación) vamos a dedicarnos:
traducción literaria, científica, jurídica,
médica, informática, financiera, administrativa,
de doblaje, etc. Tal vez no desde el primer momento, pero
sí es importante ir acotando progresivamente el campo
de actuación porque de ello dependerá nuestro
grado de especialización. Sin él no podremos
crear una ventaja competitiva con respecto a nuestros homólogos
y, además, los posibles clientes recelarán de
nuestra calidad si pretendemos vendernos como expertos en
todo.
Primer acercamiento
a las empresas
Tras estas dos sencillas preguntas iniciales, es hora de
ponerse manos a la obra. La primera tarea será sondear
el mercado y confeccionar una lista de empresas que trabajen
habitualmente con traductores. Esto puede hacerse rápidamente
a través de Internet. Para acotar la búsqueda
y facilitar la transición al mercado de trabajo, podemos
fijar inicialmente el punto de mira en las agencias locales
monolingües, normalmente más accesibles. Es el
momento de ultimar la preparación del currículo.
Consultando la página corporativa de Internet de estas
empresas o por mediación de algún colega, prestaremos
atención a dos aspectos concretos: qué perfil
de traductor demandan y cuál es su método preferido
para contratar el personal. Sobre este último aspecto,
algunas dispondrán de un formulario en la propia web,
otras ofrecerán una dirección de correo electrónico
de contacto y, las menos, solicitarán el currículo
por correo ordinario.
Conviene llamar siempre primero a la puerta de aquellas empresas
que muestren abiertamente su necesidad de contratar nuevos
traductores. La selección de colaboradores externos
no suele ser todo lo ágil que sería deseable,
así que la intención es acortar en lo posible
este periodo de transición para no caer en el desánimo.
(Dicho sea de paso, será una buena ocasión para
poner a prueba la confianza en uno mismo, factor determinante
para la consecución de objetivos posteriores.)
De forma natural, irán surgiendo nuevas cuestiones.
Por ejemplo, si queremos formar parte de la plantilla de una
empresa o, por el contrario, establecernos en régimen
autónomo. En ambos casos, los caminos a seguir serán
distintos y la andadura se irá ramificando más
y más tras cada decisión que tomemos. Una vez
conseguida la primera asignación de trabajo que
siempre llega, hay que esforzarse por dar el mejor servicio.
Un cliente satisfecho es garantía de futuro.
A partir de ese momento, la atención se irá
centrando en acceder a nuevas empresas, mejorar el servicio,
averiguar la tendencia de la demanda, asimilar nuevos conocimientos
Sin darnos cuenta, habremos dado un salto de gigante y las
vacilaciones iniciales serán cosa del pasado. No es
extraño: ya estamos dentro del mercado.
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